Jane Goodall, 58 años investigando los chimpancés en África

20/12/2018

El pasado 13 de diciembre la reconocida etóloga y activista por los derechos de los animales, Jane Goodal, ofreció en el CosmoCaixa de Barcelona una conferencia recorriendo su trayectoria vital. Después de casi 6 décadas de investigación y trabajo por la conservación de los chimpancés y su incansable labor de divulgación, es consciente que la situación planetaria resulta inquietante pero su mensaje es sumamente esperanzador. Júlia Capdevila, coordinadora de MamaTerra, estuvo allí y nos lo cuenta.

“Cada cosa que hacemos y decidimos, tiene un impacto. Lo que hacemos, marca la diferencia, y cada día tenemos la oportunidad de decidir qué diferencia queremos marcar.”

 

Jane inició la ponencia con su célebre “saludo chimpancé”, el sonido onomatopéyico que realizan estos simios cuando tienen un encuentro amistoso, al cual los asistentes respondieron entre emoción y timidez. Después de esta cálida bienvenida, centró su relato en las experiencias de su infancia, aquellas que le permitieron desde muy pequeña desarrollar la curiosidad por la naturaleza y los animales. Enfatizó y agradeció el gran papel que desenvolvió su madre al acompañarle de manera respetuosa y permitirle crecer entre las criaturas del jardín en Londres, así como su convicción de que con mucho esfuerzo podría cumplir su sueño de escribir sobre los animales en África.

A los 23 años, Jane tuvo la oportunidad de viajar a Kenia donde acabó trabajando para el famoso antropólogo Louis Leakey, quien quedó impresionado por sus conocimientos de la fauna africana y su espíritu investigador. Aun no habiendo estudiado ninguna carrera científica, a los 3 años de conocerla, Leakey le confió la misión de investigar el comportamiento de los chimpancés salvajes en Gombe, Tanzania. Acompañada de su madre y un cocinero, esta joven plantó su tienda en la selva y emprendió un proyecto, que inicialmente debía durar 6 meses, y que continúa 58 años después bajo el paraguas del Instituto Jane Goodall (IJG). Sus exhaustivas investigaciones de campo revolucionaron a la comunidad científica, estableciendo nuevos estándares en el estudio del comportamiento animal  y hasta redefiniendo el concepto de “humano”.

DE LA SELVA AL ACTIVISMO

En esta charla, Jane compartió, con numerosas anécdotas, la que ha sido su actividad vital, desde su paso por Gombe hasta su decisión de dejar África y la investigación para dedicarse a transmitir la necesidad de proteger y conservar la biodiversidad y los ecosistemas naturales. Desde 2002 es “Mensajera de la Paz” de las Naciones Unidas y, con sus 83 años, viaja 300 días al año por todo el planeta con la convicción de que cambiar el rumbo para asegurarnos un futuro sostenible está en nuestras manos. Recordó que “Cada cosa que hacemos y decidimos, tiene un impacto. Lo que hacemos, marca la diferencia, y cada día tenemos la oportunidad de decidir qué diferencia queremos marcar.”

Las principales reflexiones de Jane sobre los derechos de los animales llegaron de la mano de sus acompañantes, 4 muñecos de peluche que permanecieron sentados a su lado, hasta que se convirtieron en los grandes protagonistas del discurso. El primero que presentó fue una rata, que además de ser un animal muy inteligente tiene un gran sentido del olfato y una elevada capacidad de aprendizaje. Goodall lamentó que su fama se haya reducido a ser animales de laboratorio, cuando actualmente están siendo clave para tareas humanitarias como desactivar minas antipersonas. El segundo fue un cerdo, que la etóloga reconoció como uno de los animales más inteligentes del globo, incluso más inteligentes que los perros, y denunció que en nuestras sociedades estén siendo sometidos a horribles condiciones de vida en las granjas intensivas para el consumo de carne. Goodall manifestó la  misma situación para su otra compañera, la vaca, que forma estrechos lazos emocionales con sus crías y puso de manifiesto que su mantenimiento en granjas tiene, además, numerosos impactos ambientales: la necesidad de pasto está provocando la destrucción de bosques y selvas, sus gases son extremadamente contaminantes para la atmósfera y requieren enormes cantidades de agua. Por todas estas razones, argumentó que “Si verdaderamente quieres hacer algo por el planeta, reduce tu consumo de carne o hazte vegetariano o vegano”. El último acompañante en entrar en juego fue el ya muy conocido “Mr.H” (Sr. H), un mono que le regaló su amigo Gary Haun, quien a los 25 años perdió la vista. Gary se lo regaló pensando que era un chimpancé, pero Jane rápidamente advirtió que no lo era, porque tiene cola. De todos modos, Gary le pidió que lo llevara con ella allí donde fuera. Para Jane, Mr.H representa el ejemplo de superación de su amigo, que no queriendo que la ceguera le destruyera la vida, decidió hacerse mago y ofrecer espectáculos para niños. Por si fuera poco, Gary ha aprendido a bucear, esquiar, practicar karate y muchas otras cosas que se consideran imposibles para una persona invidente.

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Uno de los momentos más emocionante del encuentro, fue cuando Jane compartió el vídeo en el que Wounda, una chimpancé rescatada en la República Democrática del Congo, fue liberada en su hábitat natural y antes de irse, le dio una abrazo a ella y a su cuidadora en un acto de agradecimiento. Con estas imágenes, pocos fueron los espectadores que no quedaron convencidos de aquello que esta naturalista hace años que defiende: los animales tienen personalidad, emociones y sentimientos.

Al discurso de Jane, no le faltó el necesario toque de atención. Advirtió que la situación de conservación de los ecosistemas y la biodiversidad de la Tierra es muy preocupante y le parece especialmente alarmante la pérdida que estamos viviendo de bosques y  selvas, así como la contaminación de los océanos. Por otro lado, comentó que el cambio climático es inminente y plantea retos importantes y que es imprescindible que los gobiernos de Occidente (refiriéndose especialmente al de Donald Trump) despierten y tomen ejemplo de países como China e India, que están dando grandes pasos hacia adelante apostando por las energías renovables, la conservación de la biodiversidad y la mitigación del calentamiento global.

4 RAZONES PARA LA ESPERANZA

Ante un presente ambiental bastante desolador, Jane brindó 4 razones por las que piensa que debemos tener esperanza. La primera, son las nuevas generaciones. Si se les ayuda a tomar consciencia de la situación y se les empodera, éstas tienen la energía, el compromiso y capacidad de encontrar soluciones para generar un cambio global. Con este propósito, el IJG tiene el programa educativo “Roots & Shoots” (Raíces y Brotes) en el que participan niños y  jóvenes de todo el mundo. La segunda, es el cerebro humano. Somos la especie con el cerebro más inteligente y con más competencia para diseñar soluciones innovadoras y dar respuesta a los problemas que hemos creado. La tercera, la resiliencia de la naturaleza. Los ecosistemas naturales se caracterizan por tener un equilibrio dinámico y si cesan las presiones sobre ellos, tienden a recuperar su harmonía. Recordó que en los 90, la selva de Gombe, que originalmente había formado un continuo en las montañas, se encontraba totalmente parcheada debido a la presión agrícola de las poblaciones locales. Gracias al programa TACARE (TakeCare) que iniciaron desde el IJG, protagonizado por la concesión de mico-créditos a grupos de mujeres para proyectos de sostenibilidad ambiental, la cobertura vegetal está volviendo y la población se está responsabilizando de su conservación. La última razón y no menos importante es lo que Jane llama “el espíritu indómito del ser humano”. Hay personas que encaran tareas que parecerían imposibles y no se dan por vencidas, como Nelson Mandela. Personas con este espíritu están por todas partes, si nos paramos a observar, y son una gran fuente de inspiración.

Jane Goodall posee propiamente un espíritu indómito y no sólo eso, una magia especial. La magia de Jane es contagiosa.


Júlia Capdevila